EL VICARIO
El mundo reinado por bestias
corrompidas y nefastas mutaciones con fálicas batutas hipnóticas,
mezmerizantes; el mundo aglomerado en hedor pútrido de las corretizas y los
rastros de sus ideales mezquinos, asfixiantes, agobiantes; el mundo funcionando
con un motor de heces que ni el mundo puede comprender, moviendo con éste
estiércol los grandísimos engranes que hacen al sol nacer y a la luna observar.
El mundo dudando si realmente es mundo.
Veo a cerdos en motocicletas
caroñeando entre plaquetas metálicas con llantas; plaquetas contenedoras de
otra clase de cerdos de menor categoría, que se gritan entre sí buscando una
insulsa relajación a ese mundo que les ha tocado vivir. Las plaquetas, los
grandes conejillos marchan por millares entre las paredes de las laberínticas
construcciones que llaman ciudades, buscando a quién comer, a quien traicionar.
Veo a los gobernantes reinar en
pañales lamiendo chupetas robadas a los que trabajaron por ellas; privilegiadas
vidas inútiles que a nadie importaría perder; y es cuando la terminología de
los líderes pasa a planos insulsos burocráticos que nadie le importan un
carajo. Los líderes votan por otros líderes y crean cadenas nepotistas de poder
hereditario que el mismo pueblo sabe jamás podrá tener. He visto casos, sin
embargo, donde los pequeños lechones se comen entre sí, y luego se vomitan
frente a los ávidos líderes como premio para avanzar de nivel; los líderes
toman los trozos de persona masticados de entre lo vomitado, brazos, piernas,
pedazos de rostros... y se hacen vestuarios mentirosos con los que marcharán en
las innecesarias presentaciones democráticas que hacen pensar a los agachados
que a alguien le interesa cuando él tiene algo que decir. Al cerdo masticador,
al traidor, se le pone una correa, una con cadenas pesadas y doradas, que él
presumirá con los otros suyos, y altaneará sobre que tan cerca está de ese sol
del que nunca podrá formar parte; los días pasarán y la cadena pesará, y cuando
él pida como favor un instante de descanso se le sacrificará y expondrá en
amplias plazas públicas donde los otros marranos verán a los más malévolos
criminales atentadores de la libertad.
Y todos callan, las gotas de sangre
de los sacrificados traidores son el metrónomo de la marcha monótona de la
puer-q-topía en la que existen. Uno que otro levantará la voz y clamará
justicia, pero a nadie le importará, a nadie le gustan los revoltosos; ellos
serán llamados herejes y provocadores del caos, los ingratos del pastel de la
democracia, los enemigos de la libertad... libertad que vista desde donde yo lo
veo, nunca existió más que en palabras falsas para apaciguar las rebeliones y
gozar de lo hurtado de una manera cómoda y feliz.
Pronto llegará la hora en el que el
reinado de los cerdos vea su conclusión y una nueva realidad comience, una
donde yo gobierne y mi perspectiva tenga una función más allá de observador y
soñador del martirio de los insulsos. Pronto acabará la espera en el infinito
nebuloso en el que me hallo, y los cerdos y sus amos pagarán con silencio ésta
insoportable existencia que se han construido, y el paso al reinicio de la era
del vicario será una luz universal cuya calma y paz harán a las cosechas
fructíferas y a los riachuelos útiles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario