martes, 1 de septiembre de 2015

LA MIRADA DEL VICARIO

EL VICARIO



El mundo reinado por bestias corrompidas y nefastas mutaciones con fálicas batutas hipnóticas, mezmerizantes; el mundo aglomerado en hedor pútrido de las corretizas y los rastros de sus ideales mezquinos, asfixiantes, agobiantes; el mundo funcionando con un motor de heces que ni el mundo puede comprender, moviendo con éste estiércol los grandísimos engranes que hacen al sol nacer y a la luna observar. El mundo dudando si realmente es mundo.
Veo a cerdos en motocicletas caroñeando entre plaquetas metálicas con llantas; plaquetas contenedoras de otra clase de cerdos de menor categoría, que se gritan entre sí buscando una insulsa relajación a ese mundo que les ha tocado vivir. Las plaquetas, los grandes conejillos marchan por millares entre las paredes de las laberínticas construcciones que llaman ciudades, buscando a quién comer, a quien traicionar.
Veo a los gobernantes reinar en pañales lamiendo chupetas robadas a los que trabajaron por ellas; privilegiadas vidas inútiles que a nadie importaría perder; y es cuando la terminología de los líderes pasa a planos insulsos burocráticos que nadie le importan un carajo. Los líderes votan por otros líderes y crean cadenas nepotistas de poder hereditario que el mismo pueblo sabe jamás podrá tener. He visto casos, sin embargo, donde los pequeños lechones se comen entre sí, y luego se vomitan frente a los ávidos líderes como premio para avanzar de nivel; los líderes toman los trozos de persona masticados de entre lo vomitado, brazos, piernas, pedazos de rostros... y se hacen vestuarios mentirosos con los que marcharán en las innecesarias presentaciones democráticas que hacen pensar a los agachados que a alguien le interesa cuando él tiene algo que decir. Al cerdo masticador, al traidor, se le pone una correa, una con cadenas pesadas y doradas, que él presumirá con los otros suyos, y altaneará sobre que tan cerca está de ese sol del que nunca podrá formar parte; los días pasarán y la cadena pesará, y cuando él pida como favor un instante de descanso se le sacrificará y expondrá en amplias plazas públicas donde los otros marranos verán a los más malévolos criminales atentadores de la libertad.
Y todos callan, las gotas de sangre de los sacrificados traidores son el metrónomo de la marcha monótona de la puer-q-topía en la que existen. Uno que otro levantará la voz y clamará justicia, pero a nadie le importará, a nadie le gustan los revoltosos; ellos serán llamados herejes y provocadores del caos, los ingratos del pastel de la democracia, los enemigos de la libertad... libertad que vista desde donde yo lo veo, nunca existió más que en palabras falsas para apaciguar las rebeliones y gozar de lo hurtado de una manera cómoda y feliz.
Pronto llegará la hora en el que el reinado de los cerdos vea su conclusión y una nueva realidad comience, una donde yo gobierne y mi perspectiva tenga una función más allá de observador y soñador del martirio de los insulsos. Pronto acabará la espera en el infinito nebuloso en el que me hallo, y los cerdos y sus amos pagarán con silencio ésta insoportable existencia que se han construido, y el paso al reinicio de la era del vicario será una luz universal cuya calma y paz harán a las cosechas fructíferas y a los riachuelos útiles.



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